Cacao La Juaca: una historia que nace en la tierra y vive en cada taza
Hay historias que no se escriben con palabras, sino con manos, con semillas y con tiempo. La historia de Cacao La Juaca es una de ellas: un relato profundo que nace en la tierra fértil del nordeste antioqueño y se transmite de generación en generación como un acto de amor, memoria y respeto por la naturaleza.
Desde el origen: el legado de Luis Ángel y Ana Joaquina
La semilla de lo que hoy conocemos como Cacao La Juaca fue sembrada mucho antes de convertirse en emprendimiento. Su origen se remonta a la segunda década del siglo XX, cuando Luis Ángel Jaramillo Hincapié y Ana Joaquina Valdés Rodríguez, hijos de campesinos, aprendieron a escuchar la tierra y a trabajarla con sabiduría.
Su hogar fue el Cañón de San Julián, en Guadalupe, Antioquia, un territorio donde la naturaleza enseñaba a observar los ciclos, a respetar los tiempos y a valorar cada fruto. Luis Ángel sembraba y cultivaba; Ana Joaquina, conocida amorosamente como La Juaca, recolectaba, transformaba y daba vida a los alimentos que nutrían a su familia y a quienes trabajaban la finca.
Entre café, caña de azúcar y cacao, fue este último el que guardó un significado especial. Ana Joaquina dominaba cada paso del proceso artesanal: abría las mazorcas, extraía los granos, los secaba al sol, los descascarillaba y los molía con paciencia. De esa pasta nacían las tradicionales bolas de cacao, moldeadas a mano, secadas nuevamente y conservadas con cuidado en recipientes de barro, totumo o canastos de fique.
El cacao como alimento, ritual y memoria
En la cocina de La Juaca, el cacao no era solo alimento: era ritual. Con la pasta recién molida y un poco de panela, creaba dulces que los niños llamaban “bobos”, porque era imposible comer solo uno. Así conocieron las primeras chocolatinas artesanales, mucho antes de que existiera la industria moderna.
También fue ella quien transmitió el conocimiento sobre la manteca de cacao, sus propiedades protectoras para la piel y sus múltiples usos, saberes que hoy cobran más valor que nunca en la cosmetología natural y consciente.
De la tradición al presente: nace Cacao La Juaca
En un mundo acelerado que muchas veces olvida las raíces, Cacao La Juaca surge como un acto de resistencia amorosa. Es una empresa familiar que honra la sabiduría ancestral y la pone al servicio de la vida, la salud y el bienestar, sin romper el equilibrio con la naturaleza.
Cada producto de Cacao La Juaca —cacao en bola, cacao en polvo, nibs, manteca, trufas y derivados— es el resultado de ese legado vivo. Son productos 100% naturales, sin aditivos ni conservantes, elaborados de manera artesanal, respetando los ciclos del cacao y el territorio que lo ve nacer.
Un cacao que alimenta el cuerpo y el espíritu
Consumir Cacao La Juaca es volver a lo esencial. Es permitir que el alimento conserve su vitalidad, su frescura y su energía original. Es recordar que la tierra siempre provee cuando se le cuida y se le honra.
Como lo expresa el aforismo que acompaña este legado:
“Haz que tu alimento sea como el viento que atraviesa las llanuras y sentirás que, a pesar de haber continuado su destino, en tu cuerpo permanece su vitalidad y su frescura.”
La Juaca vive en cada sorbo
Hoy, cuando una taza de cacao espumoso se sirve en tu mesa, no solo estás disfrutando de un producto artesanal colombiano. Estás recibiendo una historia que comenzó hace más de un siglo, en manos campesinas, en silencio, con paciencia y amor.
Cacao La Juaca no es solo cacao.
Es origen, memoria y vida transformada en alimento.
Autor: René Alfonso Valdés


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